El TDAH interfiere negativamente en la evolución de quien lo sufre, con repercusiones de cierta gravedad en la vida académica o laboral y en sus relaciones sociales y afectivas. Por ello, cuando los padres observen los primeros síntomas, deben cerciorarse de que no se trata de una situación pasajera por la que atraviesa el niño. Si se cumplen los criterios establecidos para el diagnostico, entonces deben acudir al pediatra o requerir los servicios de un profesional solicitando la atención debida al caso.
Por su parte, los profesores pueden sospechar el TDAH en un alumno cuando observen conductas reiteradamente inatentas o problemáticas que no tengan otra causa. En tales supuestos, el colegio debería ponerse en contacto con los padres cuanto antes.
La creencia de que “estas cosas son propias de la edad y se pasan con el tiempo” pueden conducir a un diagnostico tardío, cuando el trastorno se ha complicado con otras anomalías.
Conocer las diferencias y causas de su conducta, permite canalizar y desarrollar un ambiente favorable, adecuando sus necesidades, para que los resultados reflejen su capacidad.
Los pacientes con este trastorno tienen problemas para regular su conducta, ya que pasa a la acción sin reflexión previa y la necesidad de que sus deseos sean atendidos de forma inmediata, en caso contrario, siente gran frustración y enfado.
Algunos niños presentan, ocasionalmente, conductas similares a las descritas. Por eso, para mayor certeza, se ha establecido que los síntomas descritos han de persistir durante más de 6 meses, presentarse en dos o más ambientes (casa, colegio y entorno social) y repercutir negativamente su vida diaria.
No hay prueba o test que permitan diagnosticar, por si solos, el TDAH. Se precisa una evaluación completa para llegar a un diagnostico acertado y estén debería efectuarlo un profesional conocedor del tema.
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